BIENVENIDO MR. MARSHALL

En 1952, Luis García Berlanga creaba una divertida sátira del aislamiento internacional al que se veía sometido España debido a la dictadura franquista dando la bienvenida a los americanos. Más de medio siglo después, nuestra bienvenida a tomado unos cauces faraónicos en los que recibimos no sólo a los americanos sino a quien venga acompañado de Don Dinero, pues es el mejor pasaporte para entrar en este nuestro “paraíso natural”. No obstante, también es cierto que, debido al declive del sector y otros factores, se dan facilidades para alcanzar una estancia turística, ya que disponemos de un sinfín de hoteles diferentes adaptados a cualquier tipo de bolsillo y ocasiones.

Canarias es uno de los reclamos estrella para los turistas. Pero existe un problema, ya que es una demanda que va en crecimiento. Esto provoca una crisis debido al exceso de plazas alojativas y la decadencia de la planta hostelera. La solución está en manos de un grupo reducido de empresas que se niegan a renovar el actual modelo turístico, creando innumerables camas turísticas en vez de apostar por un turismo de calidad sostenible. Y ya son más de 500.000 plazas alojativas en Canarias que se están comiendo el litoral de nuestras islas para, supuestamente, satisfacer al turista, cuando en realidad las satisfacciones se la dan otros. Pero existe un punto clave en todo este juego, y es que los canarios nos estamos dando cuenta y poco a poco se están viendo movimientos que denuncian estos hechos. En una encuesta actual, los canarios afirman que el dinero proveniente del turismo no se queda en Canarias. Esto es un gran paso con vistas a una realidad cada vez menos utópica, pues no hay más ciego que el que no quiere ver.

Pero a parte de la construcción masiva de camas también surgen más “necesidades” para el turista, que no viene a conocer nuestra naturaleza, gastronomía o cultura, sino a relajarse en inmensos campos de golf creados encima de lo que era nuestro preciado ecosistema natural con valor agrícola, ganadero y urbanístico, erradicando así la flora y fauna autóctona. Tampoco serviría como reclamo turístico una imagen tan impresentable como las que tenemos en el litoral, llena de casetas en las que muchos de sus propietarios no tienen otro sitio habitable y su única amenaza es intentar salir adelante mediante el mercado pesquero. Por ello es necesario arrasar con todo porque, para el desarrollo turístico que se avecina, contrastan, no encajan, afean.

Por todo esto y más es hora de buscar nuevos pensamientos para solucionar los problemas de viejos pensamientos.

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